El último día del año es el momento propicio para
echar la vista atrás y descubrir qué han supuestos estos doce meses recorridos
y cuáles son los casi siempre incumplidos, propósitos de año nuevo.
Con este 31 de Diciembre finaliza un año realmente
difícil, no sólo en materia económica sino en todos los ámbitos de nuestra
vida. A la prima de riesgo, la inflación, el desempleo y la archiconocida
corrupción, tenemos que añadir multitud de problemas familiares, personales…
que sólo nos invitan a cerrar el 2012 con un portazo bien sonoro.
Comenzó el año con un cambio de Gobierno que trajo
consigo multitud de reformas (unas más cuestionables que otras) de carácter
fiscal, laboral, presupuestario… Todos sabíamos que había que ponerse con
prontitud manos a la obra para sacar a España de la crisis, lo que, de por sí, es un primer paso para la
recuperación económica.
Por hacer una sencilla enumeración, hemos soportado incrementos de impuestos (IRPF, IVA, IBI...), congelación de sueldos y suspensión
de la paga extra de diciembre a los funcionarios; congelación de convocatorias
de empleo público; reformas sanitaria, laboral, financiera y educativa;
reducción del gasto público y de las subvenciones a los sindicatos, partidos
políticos y organizaciones empresariales y un largo etc. Esperemos que los
primeros frutos de estas medidas se noten lo antes posible, porque ya es imposible
apretar más las tuercas.
Pero como bien decía Su Majestad en el discurso de Nochebuena, la economía no lo es todo. España sufre graves problemas
sociales y políticos a los que debemos dar solución cuanto antes. Las palabras
del Rey fueron claras y concisas, sobre todo en lo que a política se refiere:
hay que volver a la política grande, con mayúsculas; esa que tan relegada ha quedado. No debemos olvidar que la política
es el medio para la consecución del bien
común de la sociedad, quedando fuera del juego los intereses y egoísmos
personales o partidistas.
Con todo, atrás queda este “annus horribilis 2012” y
se abre ante nosotros una nueva etapa; un nuevo camino cargado de
incertidumbres, proyectos, sueños e ilusiones. Por eso, el 2013 lo apellido
como el “año de la esperanza”
2013, año de la esperanza
Nuestras miradas ya se han fijado en el reloj de la
Puerta del Sol que, con su campaneo, abre las puertas de nuestra vida, no a
doce simples meses, sino más bien a 12 (y muchísimas más) oportunidades de ser
felices.
Tenemos 365 días por delante y no debemos
desaprovechar ninguno de ellos. Es tiempo de esperanza, de valentía y de
fortaleza. Vamos a superar esta crisis, nuestras debilidades, nuestras
limitaciones y nuestros miedos. Es difícil, no cabe duda. Pero somos capaces de
hacerlo.
Espero que tengáis un 2013 cargado de salud,
alegría, luz y esperanza. Ojalá se cumplan todos vuestros sueños; y recordad:
no tengáis miedo, porque este es el verdadero obstáculo de la felicidad.
Un abrazo a todos y próspero año 2013


